La Habana, Cuba.- A poco más de un año de la ausencia física de Fidel Castro en el ejercicio del gobierno de la isla, hoy los cubanos se sienten como un rebaño sin pastor. Justo al cumplirse el pasado 26 de julio el 54 aniversario del intento de la toma del cuartel de la Moncada, símbolo para los cubanos del inicio de su revolución, la ausencia de Fidel y la incertidumbre del qué pasará son hoy el sentir de los habitantes de esta isla caribeña.
Sin embargo, también es para muchos de los cubanos, un signo de esperanza sobre la posibilidad de acelerar algunos de los cambios que ya empiezan a notarse. Aún cuando la economía no ha mejorado sustancialmente para ellos, sí han disminuido al menos, por ejemplo, el número de prostitutas o “jineteras” como se les conoce de la zona de el malecón, e incluso la delincuencia de baja monta que empezaba a apoderarse de algunas zonas turísticas de la capital, todo ello gracias a los “negocios” informales que se dan alrededor del turismo y que permiten a los cubanos algunos ingresos extras. La forma de vestir “a la americana” de los cubanos y cubanas, modelando versiones piratas enviadas desde China de marcas como Nike, Dolce Gabana, ó Adidas e incluso la transmisión de series norteamericanas en los canales oficiales del gobierno como “Dawson´s Creek” ó “Esposas Desesperadas” dan la sensación de una Cuba que poco a poco se acerca a los límites no escritos de la apertura.
Conjugado con todo esto, los signos de la Cuba revolucionaria insisten en mostrar, pese a todo, su permanencia. Las grandes banderas rojo con negro resaltando la fecha histórica del 26 de Julio y los carteles revolucionarios recordando a los grandes pensadores y defensores del socialismo cubano, pasando por la figura emblemática de “El Ché”, José Martí, Frank País y por supuesto Fidel, son un retrato fiel del doble discurso y la doble realidad que hoy se vive.
Para una buena parte de los pobladores de la Isla, la ya, como nunca prolongada ausencia de la figura paternal de Fidel Castro, les tiene preocupados. Las historias negras sobre la tardanza de su recuperación van desde el que lo tienen adormilado para evitar su aparición y restarle autoridad, hasta rumores de que ha muerto y que solo se utiliza su cuerpo conservado por los eminentes doctores cubanos para no provocar una crisis y darle continuidad a un gobierno encabezado por su hermano Raúl .
Su ausencia el pasado 26 de julio; fecha esperada por los cubanos – y por los no cubanos- para saber si Fidel resurgiría, evidenció que ni en los momentos más importantes para la historia cubana, el omnipotente y omnipresente comandante volvía a aparecer. Solo la figura de su hermano Raúl volvió a hacerse presente, dejando la sensación de un líder de repuesto que no llena los zapatos de la cabeza del gobierno.
Pese a todo esto, aún cuando la gran mayoría de los cubanos insisten en que es momento de terminar con las restricciones que les impiden tomar decisiones por sí mismos en materia comercial, política y social, están convencidos de que el viraje que tendría que dar la Cuba sin Fidel Castro no es hacia la democracia norteamericana, ni al socialismo a la venezolana, sino más bien a la creación de una especie de comunismo a lo chino, donde la presencia de un Primer Ministro dé orden al gobierno, pero que no se enternezca en el poder. Donde se mantengan las restricciones comerciales, pero se inicie con una apertura que vaya permitiendo, de manera paulatina, la llegada de la iniciativa privada para los cubanos y con ello se mejoren los niveles de vida de quienes así lo pretendan. De una apertura pues moderada, pero que cambie muchos de las actuales medidas restrictivas existentes.
Pero sobre todo, donde se rompa de una vez por todas con las limitantes de una libertad de expresión inexistentes que basta y sobra con ver sus medios de comunicación; los periódicos oficiales o escuchar la radio para entender que el retraso ideológico y de libertad de opinión ya tiene cansados a un pueblo que aspira a participar de manera real dentro de la construcción del futuro inmediato de la isla y no aparecer solo como meros espectadores de su propia historia.
Pero mientras todo esto pasa, Cuba sigue siendo el paraíso perfecto para los turistas. La comercialización de la efige de la revolución sigue siendo para el estado, un gran negocio. Hoy convertida en una especie de la “ Disneylandia” del socialismo, los cubanos se han convertido en actores de la escenografía de la pobreza y pese a sus bajos estándares de vida, comparados con otros países en materia de servicios públicos – a excepción de la salud y la educación- donde la basura, la falta de agua potable diaria y la falta de obra pública, sobre todo por lo que tiene que ver con la vivienda, han logrado hacer negocio dándole al turismo, con la complacencia y la corrupción del gobierno cubano, “servicios” comerciales que van, desde la comida clandestina en los llamados “ paladares”, hasta ron, habanos y mujeres a domicilio, donde la droga incluso, no deja de surtirse como en cualquier ciudad del mundo.
Cuba a un año sin Fidel está viviendo los últimos estertores de su actual sistema y abre poco a poco la puerta para intentar integrarse, para bien o para mal, al ya existente nuevo orden mundial
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