miércoles, 18 de junio de 2008

Las mangas rotas de Botello

Cuando en 1988 inicie como reportero en Radio Querétaro,el extraordinario periodista Francisco Estrella era mi jefe y el veterano reportero Jose Luis Urzua, una especie de mi mentor. Recuerdo que junto con Alberto Espinoza eran considerada la " trinca infernal" por el miedo y el respeto que se les tenia debido a la información que publicaban.

Pese a que radio Querétaro era del gobierno estatal, la autoridad de su coordinador Carlos Alcocer, primo hermano del gobernador Palacios, nos daba cierta autonomía y permitia dar la batalla a los escasos noticiarios existentes, convirtiendo esos esfuerzos en un verdadero informativo, crítico y plural.

En ese ambiente conocí a un abogado que, en aquel entonces, se caracterizaba por criticar publicamente y en corto al gobernador priista del estado. En el extinto café de la unidad cultural del centro, en el edificio antes del cine Plaza y ahora de la tienda de El Sol, tuve mi primer acercamiento con Alfredo Botello.

Alfredo Botello me impresionó desde la primera vez que lo vi. Yo tenía apenas 23 años y me parecía un tipo recio. Era él entonces corresponsal del periodico El Universal. Más tarde me contaron que encabezó un periódico que cerró despues por la falta de apoyo , sobre todo presupuestario y que era, desde entonces, un acérrimo defensor de la libertad de expresión.

Además de su gesto adusto y de cara redonda, Botello me parecía peculiar porque siempre o casi siempre andaba de corbata. Pero el sello distintivo de su vestimenta era su saco roido; desgastado de los codos y que en ocasiones parecía urgido de una buena tintorería. Casi siempre coincidiamos en ese café para dos cosas; para comentar la información del dia y pasarle alguna nota que le pudiera servir y la otra para compartir el desayuno que en ese lugar era el más económico de la zona.

Años despues, no sabría que el mismo Alfredo Botello que criticaba los excesos de Mariano Palacios se convertiría como secretario de gobierno en una caricatura suya. No solo en un traidor a los principios de la libertad de expresión, sino en un político déspota, marrullero y despreciativo de un oficio que alguna vez dijo defender.

Sin embargo, decia el maestro Julio Scherer que los periodistas tenemos algo ineludible a nuestro favor; el tiempo siempre saca a relucir la verdad.

Hoy a casi 20 años de distancia, el poder cambió a un hombre integro, con ansia de libertad y mangas del saco rotas, en un rehen de su ambición y un remedo barato de algo que siempre criticó

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