Hace algunos años, ser joven era considerado como un defecto que impedía a las nuevas generaciones, tener acceso a la cúpula del poder. Su papel se limitaba a ser el auxiliar del viejo político; cargar portafolios, tomar los recados y ser a quien se le tomaba como el “aprendiz de brujo” y quien, con el paso de los años, podría ser parte del clan.
Hoy, las cosas se han transformado. Los propios cambios generacionales, la caída del régimen unipartidista y el impulso de nuevas corrientes de pensamiento, derivadas de los cambios políticos y sociales en todo el mundo, han traído como consecuencia, la llegada de estos nuevos grupos de jóvenes.- de entre los 20 y los 40 años de edad.- que ahora son alcaldes, funcionarios públicos de primer nivel, diputados locales o federales, senadores de la república e incluso gobernadores. Todos ellos marcados por un nuevo signo; el de la independencia y el ansia de conformar su propio rumbo y alejarse de los viejos moldes de la política tradicional.
Con una nueva formar de pensar e incluso de ver la actividad política, muchos de ellos han dejado el actuar frio y acartonado del viejo político y han incorporado dentro de su actividad, otros esquemas más cercanos con la gente y con sus propios compañeros de generación. No es difícil observarlos en actividades deportivas, recreativas o incluso, en actividades públicas sin el excentricismo que caracterizaba a los de su clase. En estos nuevos tiempos, el político moderno- y joven- sabe que la sencillez y el acercamiento real con las masas es fundamental.
Sin un signo partidista definido, todos ellos bajo diferentes banderas ideológicas, forman parte de un mosaico de ya no nuevos valores, sino de realidades que han venido a desplazar a los viejos nombres de la ya considerada vieja clase política queretana. Los Ortíz Arana, los Hernández o los Alcocer han dejado de ser los “gurús” de la política estatal y han dejado la puerta abierta a los jóvenes que, en algunos casos, eran los “bebés” de aquella sociedad que gobernaron o representaron.
Para ellos, el status que representan, es la oportunidad de darle un viraje a la antigua forma de ver y hacer política. Como los dinosaurios, son los sobrevivientes del holocausto de la forma errónea de ostentar la representación política de una sociedad. Deberán aprender y entender que este país y este mundo ya cambiamos para poder convertirnos en un mejor lugar, donde el papel de los gobernantes no tenga que estar por encima de los gobernados. Si bien son parte de esta nueva generación, su responsabilidad es la de no convertirla en una sucursal del pasado y romper los moldes que nos hicieron tanto daño y nos han traído profundas crisis.
Solo el tiempo, este lento pero inexorable testigo fiel de honestos y de mentirosos nos dirá donde acabarán estos jóvenes políticos. Tal vez nos equivoquemos en nuestra percepción a futuro. Sin embargo, hoy, sus pocos años y el beneficio de la duda los ponen como un ejemplo generacional a seguir. Lo bueno es que con el tiempo, sabremos finalmente si cumplieron o le fallaron a una generación que hoy tiene puestas sus esperanzas y sueños de transformación en ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario