Ahora me arrepiento de no haberlos conocido bien.
El trajín de mi preocupación por no fallar me alejó de la verdadera escencia de mis amigos. No voltear hacia atrás a veces es peligroso, porque no reconoces a los que te ayudan a empujar la carreta.
Hoy me doy cuenta de tanta gente valiosa que daba luz y brillo a los méritos que solo en la obscuridad los reconoces. Gente maravillosa con sus propias pasiones, miedos, frustraciones y deseos. Gracias a ellos las cosas eran buenas y sin ellos desaparecieron.
Me queda el recuerdo de su solidaridad, no conmigo , sino con un proyecto que nacio bueno y permanece moribundo bajo el brazo de quien se dice cenicienta y es la bruja del cuento. La suerte es que el hechizo caerá y se verá en su propia fealdad.
Tarde pero a tiempo. Gracias a mis escuderos solidarios, de la faz perdida, pero el alma reluciente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario