Pues no..no salí
a la playa, ni tuve grandes fiestas ni eventos fastuosos. Tampoco me compré una
casa o un coche nuevo. Sin embargo, estas vacaciones serán unas de las
recordadas de mi vida…
Y es que en
estas – las de mis 48 años – pude darme cuenta de lo afortunado que soy y el
compromiso que adquirí conmigo mismo. Si bien desde mi cumpleaños la vida anda
de oferta conmigo y me ha regalado sorpresa tras sorpresa, en estas vacaciones
me terminó de llenar el alma y me dio nuevas alas para volar y estar consiente
que la vida es finita se acaba y hay que de vez en vez, como dice el dicho, aprovechar porque nos da a
manos llenas lo que quiere darnos. Bueno o malo. No hay términos medios; o todo o nada.
Así que por
eso, en estas vacaciones aprendí, deguste y palpé que la vida si es vida; que
existe y no es un cuento fantástico. Que nos da regalos pero que nos pide que
los aceptemos sin condiciones. Dolor y llanto o amor y felicidad. En esta
segunda etapa, acepto el amor y la felicidad que hoy se traducen en paz y
tranquilidad.
Con esto
regreso seguro que los días por venir son diferentes. Vienen retos y emociones
y me prometí que serán compartidos y no en solitario. Hoy en estas vacaciones,
la vida no me dio señales , me dio de plano la prueba fehaciente de que dios
existe, que me ama y me manda ángeles para que me lleven de su mano.

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