Tal vez lo sabía, pero no había degustado la enorme felicidad que transmite alguien que está vivo y que las circunstancias por poco le arrebatan tan preciado don. Ver a mi querido Ricardo Morín exhalando vida, me hizo ver que los humanos somos en su mayoría desagradecidos al no saber reconocer una condición tan cotidiana y a la vez tan poco apreciada como el vivir.
Verlo renacer era ya en si un milagro, pero verlo producto de su coraje y a la vez su amor a la vida, a sus hijos, a su familia y a sus amigos, fue mucho mejor. Mi querido Ricardo me sigue marcando el parámetro que da la diferencia entre el pobre mediocre que vive y el refinado arte de saber por qué y para que vivir. De retar a las circunstancias y demostrar que la vida no es lo que nos toca, sino lo que queremos que nos dé.
Por lo pronto nos hicimos ayer una promesa: el próximo año lo festejaremos no como un año más, sino como un año que buscaremos vivir intensa, provocadora y felizmente. Que así sea mi querido Richard…!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario